Pedro Ruano es de Trujillanos, pero es un hombre muy viajado. Por su
profesión, recorre cada día 750 kilómetros, 3.750 a la semana, 75.000
al mes.
«El culo y la espalda». Son los principales daños
colaterales de vivir intensamente la carretera, confiesa. Ya lleva casi
20 años al volante, y el trasero se le va endureciendo, pero aún así,
sigue doliendo a veces.
Desde hace un tiempo, cuando cambió de
trabajo, su paisaje diario son las dehesas, las llanuras y las cumbres
que jalonan el camino entre Mérida- Madrid, Madrid-Mérida. La vuelta la
hace ya casi de noche, cuando la oscuridad le priva del paisaje y le
obliga a concentrarse en la zona iluminada de la carretera.
También
ha recorrido muchas veces el trayecto hacia el norte, por la A-66, y
anteriormente por la N-630, cuando la autovía sólo era un sueño y una
promesa masticada una y otra vez por los políticos durante varias
elecciones.
Conoce los sitios en los que parar de toda la vida,
como la zona de Mirabel, y las nuevas instalaciones de El Caldero, en
Plasencia, donde se pueden disfrutar de modernos servicios.
Lo fundamental
Pero,
cuando a uno le esperan tantos kilómetros por delante, la posibilidad
de poder ducharse, de lavar el camión en un lavadero especial, de
sentarse cómodamente a comer, hace la vida más fácil, pero no es lo
fundamental, destaca Pedro Ruano, coincidiendo así con el sentir de
otros transportistas.
«Lo más importante para nosotros es que
haya buenos aparcamientos, y que estos sean seguros. Es fundamental
tener la tranquilidad de poder echarnos a dormir sin temer que al día
siguiente nos hayan rajado las ruedas y robado toda la mercancía»,
comenta.
Acostumbrado a disfrutar de las comodidades de las
áreas de servicio situadas en otras autovías, a Ruano le gustaría tener
la oportunidad de poder hacer lo mismo circulando por la A-66.
Lo viejo conocido
Sin
embargo, tampoco lo considera prioritario mientras continúen
funcionando los lugares de descanso conocidos de toda la vida en la
antigua N-630, donde siempre han atendido amablemente a los veteranos
del volante.
«Las instalaciones modernas están muy bien, pero al
final, los camioneros solemos decantarnos por volver a los bares
antiguos, donde sabemos que la comida es buena, aunque tengamos que
hacer más kilómetros para llegar», reconoce.
Y es que la
concentración de camiones delante de un restaurante como augurio seguro
de una buena mesa no es sólo un mito, según parece.Infos : hoy